¿Qué es la terapia cognitivo-conductual?
La Terapia Cognitivo-Conductual ayuda a comprender cómo se relacionan lo que pensamos, sentimos y hacemos, para desarrollar formas más saludables de afrontar lo que vivimos.
Karla Espinosa de los Monteros
A veces sabemos que algo no nos hace bien y, aun así, seguimos reaccionando de la misma manera.
Podemos entender que una preocupación es excesiva y no lograr detenerla. Saber que evitar ciertas situaciones nos limita y continuar haciéndolo. O reconocer que somos demasiado duros con nosotros mismos y seguir escuchando esa misma voz crítica una y otra vez.
La Terapia Cognitivo-Conductual, también conocida como TCC, parte precisamente de ahí: de comprender cómo nuestros pensamientos, emociones y comportamientos se relacionan entre sí, y cómo ciertos patrones pueden mantenerse incluso cuando ya no nos ayudan.
Pero no se trata simplemente de “pensar diferente”.
Se trata de comprender mejor qué está ocurriendo, por qué ocurre y qué podemos hacer con ello.
Entonces, ¿qué es la Terapia Cognitivo-Conductual?
La TCC es un enfoque de psicoterapia que ayuda a observar la relación entre nuestros pensamientos, emociones y conductas.
Lo que ocurre a nuestro alrededor influye en cómo nos sentimos, pero también importa la manera en que interpretamos esas experiencias y lo que hacemos frente a ellas.
Imagina, por ejemplo, que envías un mensaje importante y pasan varias horas sin respuesta.
La situación es exactamente la misma. Sin embargo, nuestra mente puede darle significados muy diferentes.
Cada interpretación puede despertar emociones y respuestas diferentes.
Una persona quizá continúe con su día. Otra puede sentir ansiedad y revisar el teléfono constantemente. Otra podría enviar varios mensajes buscando tranquilidad.
La TCC ayuda a observar ese proceso con mayor claridad.
No para decidir que existe una única manera “correcta” de pensar, sino para hacernos preguntas como:
¿Qué sé realmente sobre lo que está ocurriendo? ¿Qué estoy suponiendo? ¿Esta interpretación me está ayudando? ¿Hay otra manera de entender la situación?
Pensamientos, emociones y conductas se influyen entre sí
Uno de los principios centrales de este enfoque es que nuestros pensamientos, emociones y comportamientos no funcionan de manera aislada.
Se afectan constantemente.
Supongamos que una persona piensa:
“Si cometo un error, los demás van a pensar que no soy suficientemente bueno.”
Ese pensamiento puede generar ansiedad.
Y esa ansiedad puede cambiar su comportamiento.
Así se forma un ciclo que puede repetirse durante mucho tiempo.
La Terapia Cognitivo-Conductual busca identificar esos patrones y trabajar sobre aquello que los mantiene.
¿La TCC consiste en cambiar pensamientos negativos por positivos?
No.
Y esta es probablemente una de las ideas equivocadas más frecuentes sobre la Terapia Cognitivo-Conductual.
La intención no es convencerte de que “todo estará bien”, repetir afirmaciones positivas ni encontrarle el lado bueno a cada situación.
Hay momentos difíciles que realmente son difíciles.
Hay pérdidas, conflictos, incertidumbre, frustración y experiencias dolorosas que no necesitan disfrazarse de optimismo.
El trabajo terapéutico consiste más bien en aprender a distinguir entre lo que sabemos, lo que suponemos y lo que nuestra mente interpreta automáticamente.
En ocasiones descubriremos que estamos exagerando una amenaza.
En otras, que somos mucho más exigentes con nosotros mismos de lo que seríamos con otra persona.
Y algunas veces encontraremos que nuestra preocupación tiene fundamento, pero necesitamos desarrollar una manera distinta de afrontarla.
El objetivo no es pensar bonito. Es pensar con mayor flexibilidad y responder de una manera que nos ayude.
¿Qué sucede durante una Terapia Cognitivo-Conductual?
Aunque cada proceso es diferente, la TCC suele trabajar con objetivos que terapeuta y paciente van construyendo juntos.
Al inicio es importante comprender qué está ocurriendo actualmente, pero también conocer la historia de la persona y las experiencias que pueden haber influido en la forma en que hoy interpreta determinadas situaciones.
A partir de ahí comienzan a aparecer patrones.
Identificar estos patrones permite construir hipótesis sobre lo que puede estar manteniendo el problema y comenzar a trabajar sobre ellas.
Esto también significa que la terapia no consiste únicamente en hablar sobre lo que pasó durante la semana.
Puede implicar aprender habilidades, observar comportamientos, revisar interpretaciones, experimentar nuevas maneras de responder y practicar fuera de sesión algunas de las herramientas trabajadas en consulta.
La terapia ocurre dentro del consultorio, pero muchos de sus cambios se construyen en la vida cotidiana.
¿Para qué problemas puede utilizarse?
La Terapia Cognitivo-Conductual se utiliza para abordar distintas dificultades emocionales y psicológicas.
Es un enfoque ampliamente utilizado en problemas relacionados con la ansiedad y la depresión, entre otros, aunque ningún tratamiento debería elegirse únicamente a partir de una etiqueta diagnóstica.
También puede ser útil cuando existen patrones que quizá no constituyen por sí mismos un diagnóstico, pero sí generan malestar o empiezan a limitar diferentes áreas de la vida.
RECUADRO —
El objetivo de una terapia no debería ser únicamente ponerle nombre a lo que ocurre.
También necesitamos entender cómo está afectando tu vida y qué necesitas aprender, cambiar o desarrollar para relacionarte de otra manera con lo que estás viviendo.
¿Cuánto dura una Terapia Cognitivo-Conductual?
No existe un número de sesiones que funcione para todas las personas.
Aunque la TCC suele describirse como una terapia estructurada y orientada a objetivos, la duración depende del motivo de consulta, su complejidad, el tiempo que lleva presente, las circunstancias de la persona y los objetivos que se establezcan durante el proceso.
Algunos tratamientos pueden centrarse en una dificultad muy específica.
Otros requieren trabajar patrones que llevan años formando parte de la vida de alguien.
Por eso, más que pensar únicamente en “cuántas sesiones necesito”, puede ser más útil preguntarnos:
¿Qué queremos que sea diferente al terminar este proceso?
Tener objetivos claros permite orientar el tratamiento y observar los cambios con mayor precisión.
Una terapia en la que también participas activamente
La psicoterapia no es un espacio donde el terapeuta tiene todas las respuestas y la persona simplemente las recibe.
En la Terapia Cognitivo-Conductual, el proceso es colaborativo.
El terapeuta aporta conocimientos clínicos, herramientas y una perspectiva externa.
Tú aportas algo igual de importante: el conocimiento de tu propia historia y de tu experiencia.
Entre ambos se busca comprender qué está sucediendo, revisar diferentes hipótesis y encontrar estrategias que tengan sentido para tu vida.
Porque una herramienta psicológica puede ser útil en teoría y no necesariamente ser adecuada para todas las personas.
La terapia necesita adaptarse a quien está frente a nosotros.
Comprender para poder hacer algo diferente
Muchas veces llegamos a terapia queriendo eliminar una emoción.
“Quiero dejar de sentir ansiedad.”
“No quiero volver a sentirme triste.”
“Quiero dejar de enojarme.”
Pero las emociones forman parte de nuestra manera de responder a lo que vivimos.
El objetivo no siempre es dejar de sentirlas.
Puede ser aprender a reconocerlas, comprender qué las activa y desarrollar nuevas formas de responder cuando aparecen.
Ahí está una de las aportaciones más importantes de la Terapia Cognitivo-Conductual:
hacer visible aquello que antes ocurría automáticamente.
Porque cuando empezamos a reconocer nuestros patrones, también empezamos a tener más posibilidades de elegir qué hacer con ellos.
Y muchas veces, el cambio empieza justo ahí.