Cuando alcanzar la meta nunca es suficiente
Por qué el logro deja de sentirse y qué se trabaja en terapia cuando la vara siempre sube.
Daniela Vázquez Enciso
Llegas al puesto que querías. Cierras el proyecto. Terminas la maestría. Y en lugar de la calma que imaginaste, aparece una pregunta incómoda: ¿y ahora qué? Para muchas personas el logro no se disfruta: se archiva y la vara sube.
En consulta lo escuchamos seguido, y casi siempre con la misma frase de fondo: «sé que debería estar contenta, pero no lo siento». No es falta de gratitud ni un defecto de carácter. Es un patrón aprendido, y como todo patrón, se puede trabajar.
De dónde viene la vara que siempre sube
La autoexigencia suele empezar como una estrategia útil: si me esfuerzo más, evito el error, la crítica o el rechazo. Funciona — hasta que el costo supera el beneficio. Entonces el esfuerzo deja de ser una herramienta y se vuelve la única forma de estar en el mundo.
Qué se trabaja en terapia
El objetivo no es dejar de tener metas ni «exigirse menos» en abstracto. Es recuperar la capacidad de elegir cuándo el esfuerzo tiene sentido y cuándo solo está calmando una incomodidad. Desde el enfoque cognitivo-conductual eso se traduce en pasos concretos: identificar la regla que sostiene el patrón, probar qué pasa cuando no se obedece, y construir una medida de valor que no dependa del siguiente logro.
Cuando el descanso deja de necesitar justificación, el patrón empezó a ceder.
Es un trabajo que se mide. Al inicio del proceso aplicamos instrumentos que después reaplicamos, para que el avance no dependa de una sensación. Y conforme avanza, las sesiones se espacian: de semanal a quincenal, hasta el alta.